viernes, 12 de agosto de 2016

Nadie puede desenterrar los cadáveres de los prisioneros alemanes asesinados

"No se permite a nadie desenterrar los cadáveres de los prisioneros alemanes asesinados. Y los criminales siguen libres*. Para protegerlos, los historiadores cuentan mentiras, llegando a difamar a las víctimas. La libertad de expresión de opiniones sobre la historia cada vez está más limitada por una legislación crecientemente restrictiva.
Ninguna ocultación histórica ha resultado nunca tan exitosa como esta.
Nunca ninguna otra nación ha sido tan forzada a renunciar a sí misma y a su propio pasado.

*He hallado varios ejemplos de dicha ocultación. El granjero Otto Tullus, de Bretzenheim (Alemania), cavó en sus tierras en busca derestos de prisioneros procedentes de cuando había instalado un campo de concentración primero estadounidense y después francés. La policía le ordenó que cesara a búsqueda bajo la amenaza de una multa de 250.000 marcos alemanes. (Entrevista con Otto Tullius, Bretzenheim, junio de 1991.) En Rheinberg, un joven granjero, Martin Adams, cultivaba junto a su padre una tierra que había sido un campo de prisioneros estadounidense, cuando descubrió esqueletos humanos "probablemente procedentes de la época en que era una prisión". Según Lotte Börgmann, de Rheinberg, y según el archivista de la ciudad, H. Janssen, la policía aseguró que se trataba de huesos del "antiguo cementerio judío". Tanto Börgmann como Janssen respondieron que el "viejo cementerio judío" no se hallaba ni remotamente cerca de ese lugar. Finalmente, Martín Adams y su padre volvieron a enterrar los huesos. En este caso, como en otros, la noticia del descubrimiento de cadáveres fue enviada a la oficina alemana de investigaciones WASt (también conocida como Die Deutsche Dienstelle), en Berlín. Tras dirigirme a la misma, ha sido incapaz de informarme de ninguna investigación posterior. Aparentemente, también se han vuelto a enterrar las noticias.
En Lambach (Austria), unos recientes hallazgos han provocado una polémica sobre su origen, que es muy probable que se trate de una ocultación de cadáveres de prisioneros de guerra de alguno de los campos estadounidenses cercanos. Una excepción fue el caso de Hechtsheim, cerca de mainz, donde la construcción  de una autopista puso al descubierto unos huesos que se han identificado como de origen húngaro. En cuanto al caso Tullius, parece claro que la amenaza por parte de la policía de imponer una multa enorme puede terminar con la mayor parte de las investigaciones, si no con todas."

James Bacque "Crimen y Perdón".