miércoles, 27 de enero de 2016

En Camino (VI Capítulo de "Existencias Veladas")




Lucas termina de cerrar la puerta tras nosotros tres. Quisiera apoyarme contra la pared, pero no la veo bien. Creo que el asco supera al cansancio. Entonces apoyo mis manos sobre las rodillas aun buscando normalizar el ritmo de la respiración entre medio del dolor en las costillas; igualmente no se puede respirar fuertemente, el aire está muy viciado con un olor espantoso.
Sofía saca una pequeña linterna de su bolsillo, en otras circunstancias hubiese parecido que iluminaba poco, pero en esta oscuridad tan profunda parecía todo un reflector.
-Vamos a tratar de ir rápido, pero los más silenciosa y cuidadosamente que se pueda, uno nunca sabe lo que se puede encontrar en estos túneles…- Comunica Sofía a Lucas y a mí, pero me deja pensando a que se refiere con lo último.
Siento gotas de algún líquido, que espero que sea solo agua, aunque eso sería mentirme. El suelo está pegajoso  y en sectores algo barrosos, el cual impide que el avance sea algo más rápido. También se escuchan los gemidos, chillidos o vaya una a saber que de animalias, fauna. Tengo que decidirme si centrar mis pensamientos en el entorno o en los dolores que se van sintiendo de forma más aguda.
Solo escucho nuestros pasos  y ruidos lejanos, aunque hay muy buena acústica, que hacen que me sobresalte a la defensiva cada tanto.  No se puede respirar bien, si bien ya se me pasaron las ganas de regurgitar que me provocó en un principio.
-¿Falta mucho Sofía?- Le pregunto casi balbuceante. Me recordó un breve instante a mi infancia de vacaciones preguntándole a mi padre en pleno viaje cuanto faltaba para llegar.
-No, solo un poco más- Responde Sofía con un dejo de mal humor. Pero a mí me sonaba a mentira.
No puedo dejar de renegar mentalmente por el olor, el cansancio, el dolor, los bichos –¡AY!- Me caí, estoy en el suelo, sucio, barroso, gomoso, asqueroso. Siento punzadas por todo el cuerpo. Lucas me toma del brazo para levantarme; presiono los labios por el dolor.
Seguimos caminando como unos 15 minutos más, empiezo a sentir un aire un poco más… limpio, fresco. Debemos estar cerca.
Efectivamente, llegamos a un punto de uno de los túneles donde se ve un halo de luz indicado el borde de una puerta.
-Lucas, por favor... abrí vos la puerta- Le pide Sofía con un tono de alivio en la voz. Este de acerca y empieza a golpearla con el hombro, sin éxito. –Mejor déjame a mí Lucas- Dice Sofía sacándolo del medio para luego  darle una patada abriendo la apertura dejándonos ciegos por la luz unos instantes, pero por fin… aire.
-Vamos a tomar un tren hasta Villa Ballester- Nos informa Sofía y al notar como me miro lo sucia y olorosa que estoy me dice casi riéndose- Vos Adriadna vas en el furgón. Si alguien pregunta que te pasó, respondes que te recibiste de Licenciada de lo que se te ocurra pero no te tiraron huevos.
Me estaría riendo si no fuese por el contexto, solo logro hacer una mueca.
Salimos a una plaza, cerca de la Estación Belgrano R, a unos pasos. Hay personas pero cada una parece en propio mundo ya que casi no les llama la suficiente atención que tres personas salgan, de lo que ahora me doy cuenta, debajo del andén.
Sé que detrás del edificio de la boletería hay una canilla de agua, me dirijo ahí sin escuchar las quejas de Sofía y Lucas. Llego y trato de lavarme lo mejor que puedo, lo más rápido que puedo. No me olvido Que suele ser una estación con frecuente presencia policial.
-Vamos, viene el tren- me murmura Lucas arrastrándome del brazo.
-Ok, Ok, ya está. Vamos- le digo siguiéndolos.
Subimos al tren, siento las miradas de medio vagón, pero también solo pueden ser ideas mías en parte. En este momento realmente quisiera irme al vagón furgón.
Finalmente, después de casi más de media hora por un viaje que debía durar la mitad, bajamos en la estación Chilavert, del barrio de Villa Ballester.
Ahora vamos caminando por la calle paralela a las vías del tren.
-Llegamos-dice Lucas. Pero yo solo veo un terreno baldío con muchos matorrales.  Pero Lucas dobla en la esquina, siguiendo por la perpendicular a las vías y ahí veo una casa venida abajo detrás de una mansión en ruinas y tapada de enredaderas. ¿Viven en esta… cosa?
-No te hagas ideas antes de entrar Adriadna, adentro es acogedora- Me comenta Sofía adivinando mis pensamientos. Pero ni entramos en la mansión en ruinas, sino en la casa que debió ser de los empleados.
Entramos y… más - ¿Túneles? No de nuevo- Exclamo agotada.
-No Adriadna, por suerte es solo para entrar en la casona, son solo 70 metros bien iluminados… si queremos.- Me susurro Erik en oído, que apareciendo por un costado.
Me aparto con brusquedad, como por instinto de conservación. No me crea una sensación de atracción, aunque me disguste aceptarlo, como en las horas de la mañana; me crea casi la misma sensación de ayer. Hay algo de atracción y repulsión. Lo miro bien, tiene ese semblante extraño nuevamente.
Todos se dan cuenta de mi sobresalto, se quedan duros Sofía y Lucas. Erik da media vuelta evidentemente molesto.
¡Che Erik!- Trata de frenarlo Lucas.
-Sí,  Eduardo está bien- dice Erik casi gritando bastante molesto.
-Lo siento Erik, no fue mi intención, no es para tanto.-Trato de disculparme con Erik
-No te preocupes Adriadna, dice dándose vuelta Erik, pero sin mirarme a la cara- Es solo tu instinto cuando yo estoy así.