domingo, 1 de noviembre de 2015

Primer enfrentamiento (Capítulo V de "Existencias Veladas")

  

Erik me indica que vaya hacia él. ¿Qué otra quedaba? Llego hasta él, me toma de la muñeca.
-Van a estar todos corriendo por el pasillo y por las calles más, necesito que no te me sueltes y nos distanciemos. Los demás saben lo que tienen que hacer y hacia donde, vos no.- Me dijo Erik mirándome fijamente a los ojos con resolución.
-Ok-Le respondo. De algo estoy segura, quiero saber más de que trata esto. ¿La curiosidad mató al gato? Espero que no.
Efectivamente el pasillo está lleno de personas alborotadas que iban rápido por todos lados, sin una dirección fija algunos. Vamos hacía las escaleras, no tenemos que bajar mucho, solo estamos en el tercer piso. A lo lejos puedo escuchar las sirenas de algo, bomberos, ambulancia y/o policía. Seguimos corriendo por el vestíbulo, pensé que me llevarían por una entrada secundaría, pero no. Ya en la calle dejamos de correr, pero a paso rápido vamos en contra del tumulto, hay mucho humo y polvo que me hace toser.
Corremos todos dos cuadras, como se puede entre el tránsito de personas; la mayoría va en dirección opuesta a la nuestra, o sea, hacia el lado de la explosión.
Entramos por una de las escaleras que dan al subte. En “Diagonal Norte” hay varias líneas que se cruzan ahí, no se cual tomaremos así que no me puedo dar una idea de la dirección podrían dirigirse. Seguimos corriendo por el laberinto de pasillos y más pasillos de esa estación. Sofía abre una puerta a la que jamás le había prestado atención, al lado de una de las boleterías; que lleva a más pasillos, aminoran el paso, abren otra puerta.
Está todo levemente oscuro, solo un instante para adaptar la visión. Hay tenues luces y el resplandor de la estación a unos metros, estamos entrando a los túneles del subte. Bajamos por una escalera rudimentaria y vieja, noto la tensión de Erik en su lenguaje corporal, es como un gato cuando escucha un ruido; la forma de mirar a todos lados con detenimiento, como buscando algo que sabe que está ahí, en el cambio de su postura hacia mí, en el apretón realiza sobre mi muñeca. Lo único que se me ocurre es que debe estar por venir alguno de las formaciones y nos tropelle. Pero miro a los demás, están preocupados por lo mismo que yo; todos observamos a Erik, algo no anda bien y estimo que no es nada que tenga vagones.
Se escucha un rechinar lejano y el murmullo de las personas de la estación.
Pero sí, hay algo ahí, en la oscuridad. Pero no es tan oscuro donde está. No lo veo, pero sé que hay algo. Un sector de sombras proyectadas, claramente delimitadas, pero las está usando para camuflarse. ¿La plena falta de luz era muy obvia no?
Va a atacar y sé que siguen mirando casi al lado opuesto. Erik está tan seguro que hay algo donde él observa como lo estoy yo de la otra zona. No puedo alertarlos porque desencadenaría el enfrentamiento.
Erik desliza su presión en mi muñeca para tomar la palma de esta, la dirige por su baja espalda hasta su cinturón. Quiere que tome lo que tiene ahí. Un arma blanca de doble filo.
Con decisión la tomo con la zurda, lentamente la llevo a mi espalda y hago el cambio a la diestra. Nuevamente con la mano izquierda busco en el bolsillo del jean las llaves de casa para cerrar el puño con más firmeza; las piernas un poco separadas para un rápido movimiento.
Lo que sea que estaba mirando Erik ataca a Sofía, pero no me muevo, todo pasa a una distancia de unos o dos metros de mí. Sé que no puedo dejar de prestar atención. Erik se la saca de encima a ese ser humanoide, son una bola en la visión de mi rabillo del ojo. Ni Lucas, ni Eduardo ni Sofía intervienen, están aplastados contra la pared.
La otra “cosa” de las sombras seguía ahí, la percibo, se mueve entre ellas.  No es exactamente igual con lo que está peleando Erik.
Noto un movimiento fugas.
Otro más.
Solo veo movimiento, pero nada más.
Desde el lado de la estación noto que viene algo, me golpea de un saque, tirándome al piso, mi cabeza casi cae contra el riel. Siento un dolor en las costillas, ni pude verlo, y esto que estoy bajo el foco tenue que marca la entra de la escalera.
Me voy hacia el lado de la estación para tener más luz.
Me golpea en la espalda y caigo al piso nuevamente. En el suelo puedo escuchar a la gente alarmada, estoy cerca del andén.
No pudo verlo, sé que está, pero no lo puedo ver venir.
Logro ponerme en pie.
Me da con fuerza atrás de las rodillas, caigo y todo va en cámara lenta. Eso es para que caiga de rodillas hacia adelante, para tener mi cabeza a la altura de una buena patada.
Caigo de rodillas y tan rápido como puedo me tiro al piso, me giro y doy una patada a donde se supone que tiene que estar. Le pego, es macizo, no fantasmal. Tomo su pie, aparentemente, con mi mano izquierda, aun en el piso y tomo fuerza para darme el envión y llegar con la daga en mi diestra y dar un puñetazo.
Se escucha un fuerte alarido; seguido de un liquido extraño, es sangre, pero de un rojo muy oscuro.
Cada vez hay más gente en el andén. Solo que no lo puedo ver bien en esta luz, no es lo suficiente.
Mi sorpresa me cuesta caro, se tira sobre mí. Me da en la cara un fuete golpe, siente el sabor de mi sangre. Me da otro golpe del otro lado. Trato de zafarme pero no puedo, escupo la sangre.
Escucho un alarido como de satisfacción, siento como una lengua bífida pasa cerca de mi boca, buscando más sangre. Logro darle una patada al él inclinar hacia adelante su cuerpo. Noto su desesperación, algo ha cambiado.
Siendo algo punzante en mi muñeca, me está mordiendo. Ahora lo entiendo, es la sangre. Se desesperó por ella, perdió el control la criatura. Logro darle otra patada y deslizarme a las forcejeadas lo suficiente para llegar hasta la daga.
Noto que toma un poco más de definición, por un momento logro verlo. ¿Es medió verdoso? Pero vuelve a desaparecer. Tengo la mano derecha chorreando levemente sangre, y con poca fuerza. Tomo la daga con la zurda.
En menos de 3 segundos siento un golpe en el estómago que me tira a 5 metros hacia la luz, me levanto, me vuelve a golpear en la espalda, luego en la cara.
No puedo más.
Esto no es luz, esto son sombras, se oculta entre las sombras. Si no hay luz de verdad, lo va a seguir haciendo, pero en la oscuridad estaríamos los dos en igualdad de condiciones.
Miro con desesperación el final del otro extremo de la estación y corro como jamás corrí en mi vida.
Lo puedo sentir a menos de un metro de distancia, pero sigo corriendo.
Tira de mi pelo, me doy vuelta antes de que termine de tironear y lanzo mi brazo izquierdo con la daga en mi mano. Le doy en la mandíbula, sé que corté hasta el hueso. Sigo corriendo para zambullirme en la oscuridad.
No vendría, porque sabe lo que pretendo, pero quiere seguir chupando mi sangre; sé que va a venir.
No puedo ver, pero por eso mismo mis instintos se agudizan. Puedo escuchar hasta las gotas de agua resbalando por las viejas paredes.
Puedo percibir sus pasos raudos en zigzag, era ahora o nunca, puedo escuchar una formación de subte acercándose a lo lejos, si sus faros iluminan y proyectan sombras en movimiento estoy perdida.
No espero más.  Tomo envión y corro hacia él de forma recta, se que va en zigzag. A un metro suyo, el se mueve hacia su derecha. Yo salto, porque con seguridad pretende hacerme tropezar, solo muevo mi brazo izquierdo hacia arriba y con la daga inquinada en diagonal doy el golpe para encastrarla en su cuello.
No espero a ver si está muerto o no ya que veo la luz del subte asomándose al giro del túnel. Corro como puedo por las vías en dirección opuesta, pasando nuevamente por el sector ya muy concurrido de gente de la estación agarrándome el costado derecho de mis costillas.
Llego hasta un poco más lejos de donde los había dejado, falta Eduardo y Erik. Lucas me mira con susto, Sofía me echa un vistazo.
-Te creía muerta- Me dice Sofía, como si nada, mientras mira el túnel- Tenemos que seguir, o nos pisan las formaciones. ¿La serpiente está muerta?
-No tengo idea- le respondo interpretando sus palabras- Pero ¿y Erik y Eduardo?- le digo agarrándola del brazo.
-Ya saben a donde tienen que ir, tenemos que seguir ya. Se puede recuperar con rapidez y llamar a más- Me informa Lucas retomando por el túnel a paso rápido- Y no esperes noticias de Eduardo, es mejor no hacerse ilusiones.
Realmente no sabía qué hacer, si seguir a Lucas o Sofía o ir a ayudar a Eduardo y a Erik, pero sería un estorbo, estoy fuera. No puedo enfrentarme de nuevo ni con una cucaracha.
A 50 metros de la estación, hay una puerta más que ubica Sofía tanteando en la pared, el subte está por pasar. Entramos con tiempo en otra serie pasillos infinitos.
 

miércoles, 28 de octubre de 2015

Presentaciones (Capítulo IV de "Existencias Veladas")


Ante mi afirmación, él sale de su pose; parece un poco desconcertado. Me gusta, ahora a mí me sale una leve sonrisa de satisfacción en la comisura de mis labios. Es como una batalla de sutilezas.
-Tomo su desconcierto de ser descubierto como un sí- Le dije de forma afilada, sonriendo un poco más y volteando mi cara para mirar el exterior. Es cierto, es el pleno centro de la ciudad. –Aun usted no me contestó que hago acá. Pensé hasta que me tiene secuestrada-. Puso una mano en mi cintura moviéndola lentamente hasta el otro costado.
 -No exactamente, es por tu bien- Me dice a modo de respuesta mientras puedo percibir su respiración no muy lejos de mi cuello y sentir como se me eriza la piel. – Hace tiempo que pretendía hacer esto- Me murmura agarrando unos mechones de mi pelo para olerlo.
Puedo sentir su cercanía, su olor a jabón de hotel y desodorante antitranspirante. Mientras sigo mirando hacia la calle, sin ver; lo único que puedo hacer es sentir esa electricidad, ese magnetismo que me genera.
Se abre la puerta de entrada a unos dos metros de nosotros, sobresaltándome y  tomándonos “infraganti” en esa situación.
-Erik, por favor, dejá de hacerte el gigoló, por hoy, con Adriadna. No debe entender nada y ya la estás acorralando- exclama un señor de unos de unos 50 años bien llevados de expresión jocosa que entra junto con otro que no llega a los 20 años y atrás una señora de unos 60 años, sencillamente y simplemente elegante.
-Adriadna, permítime que nos presentemos- dice la señora acercándose a mí- Me podes llamar Sofía; él es Lucas- mirando al de 20 años- que es nuestro experto en informática, aunque para mi todos lo son menos yo; y finalmente el señor es Eduardo- continua hablando, tomando mis dos manos entre las suyas, conduciéndome hacia el centro del living, cerca de los sillones, alejándome del que ahora sé que se llama Erik.- Sentáte por favor Adriadna, te prometo que ya vienen las respuestas.
Los miro a todos, un poco menos sorprendida de lo que hubiese esperado de mi misma, pero dado que no puedo hacer nada más y nadie me está apuntando con nada trato de seguir la corriente.
-Hola Adriadna, un gusto poder hablar directamente con vos. Me presento como corresponde, soy Eduardo y voy a ayudarte con unas particularidades tuyas a que las desarrolles un poco más.-Dijo Eduardo tomando una de mis manos como saludo, yo se la estrecho con un segundo de demora- Sentáte, sentáte. Hay algo que tenemos que resolver primero y es la razón por la que todo esto pasó de forma abrupta, te pido que nos disculpes si te asustaste.
-Preferiría pasar al baño primero-les dije.
Erik se aparta de la ventana, dirigiéndose directamente hacía mí. ¿Eso era bueno? ¿Eso era malo? Pienso mientras lo miro con cierto recelo. Creo que él lo notó porque se para en seco y me indica con la mano.
-Por ese pasillo, a la derecha. Tu cartera, que tenías, está colgada al lado de la puerta de entrada, por si necesitas algo de ahí.- Termina de explicarme Erik mirando primero la cartera y luego a mí, creo que sabiendo que la mención de esta me recordaría la tarde de ayer, con una expresión de satisfacción en su rostro.
Trato de ignóralo y sin intercambiar más palabras con ninguno de ellos me voy directo al baño.
Lo primero al entrar es mirarme al espejo; sin bien tengo un aspecto espantoso, admito que podría ser peor, el maquillaje de ayer solo está un poco corrido el delineador. Hago lo que tengo que hacer y siempre me digo que esa parte de la vida es más fácil para los hombres. Vuelvo a mirarme al espejo mientras lavo mis manos, dejando correr el agua fría, como si eso me sedara. Igualmente, estoy asombrada por mi pasmosa y aparente tranquilidad en este contexto. Me mojo la cara repetidamente, la seco y me acomodo el pelo largo, como puedo, peinándolo rápidamente con los dedos. Me miro una vez más al espejo como buscando mi propio coraje reflejado.
Vuelvo al living, los cuatro se me quedan mirando. El muchacho de 20 años, Lucas, luego de dejar de observarme, mira a Erik y se ríe para luego volver su cabeza a una notebook, como recordando un chiste privado ente ellos, que estimo yo formaba parte de él.
Necesito que te sientes.- Me dice seriamente Eduardo- Voy a ser directo, sin rodeos. Tenés algo en muñeca que necesitamos sacar, si no te lo sacamos te van a encontrar y te aseguro que no va a ser para tenerte en un lindo cuarto de hotel. Ayer casi lo hicieron.
-¿Qué?- Digo casi gritando.
Eduardo toma de sorpresa mi mano y me estira el brazo, me tira un líquido con un aerosol al costado de la muñeca, cerca de la base de la mano; mientras Erik me toma con fuerza para que no me mueva. No me dan tiempo a decir nada. Trato de zafarme, pero Erik me aprieta aun más.
-Por favor, no me hagas hacer esto, que no es fácil verte así- Me dice Eric con aplomo.- Eduardo va a hacer un leve corte en la piel de menos de 1cm, no es para hacerte daño.
No sé porque, pero me calmo un poco. No es un agarre, se parece más a un abrazo. Pero ahora solo miro como Eduardo corta, apenas sale un poco de sangre, y saca un objeto de 3mm.
¿Qué carajos es eso?- murmuro hacia Eduardo, que ya no me sostiene el brazo ni me mira, y dejando de lado mi resistencia, aun así Erik no me suelta.
Eduardo se va hacia Lucas, le da el objeto. Este lo pone cerca de algo negro. ¿Un imán? Creo que yo sigo con los ojos como platos, aun sin poder decir nada más.
En mi estupor Erik toma mi mano para curarla con delicadeza. Ahí me quedo mirando como lo hace. Su rostro se gira cada tanto para ver a Lucas, como buscando una respuesta.
Erik ya termina la curación y se va a sentar al lado de Lucas y Eduardo. Sofía se me acerca y me trae lo que queda del jugo de naranja y una tostada con mermelada ya preparada.
-No tengo hambre ahora, no podría.-Le digo al verla venir.
-No importa si tenés o no tenés, traga igual. Te voy adelantando que vamos a salir de acá rápidamente, en cuanto Lucas nos diga.- Me informa Sofía- Se deben haber dado cuenta que anulamos lo que muchos creen que es un chip. Desde ayer hasta hoy solo lo bloqueamos, pero una vez desactivado ellos saben su último lugar. No es para saber dónde estás, su función principal, pero al destruirlo si que van a querer saber.-
-Me vas a obedecer en todo, no es tu fuerte obedecer, pero lo vas a tener que hacer; por lo menos hasta que estemos en viaje.- Me decía Erik sin mirarme, observaba la pantalla de Lucas- Si te digo corré, corres y cuando te diga que te quedes quieta, te vas a quedar quieta-.

Ahí va.- Dice Lucas. Se escucha un estruendo terrible, todo el edifico tiembla. No tengo duda de que esa era la señal que esperaban.-Listo, vamos- Finaliza como si fuese necesario.


martes, 27 de octubre de 2015

Miradas (Capitulo III de "Existencias Veladas")


Acelero  levemente mi paso y me siento  en el taburete casi con fuerza. Estoy pasando  del  temor al mal humor o una extraña mezcla de ambas cosas.
Le lanzo una mirada fulminante, como retándolo, lo mejor que me sale para mantenerla. Pero bajo la cabeza, para disimular miro el vaso, lo tomo con mi mano derecha.
-¿No tenés algo mejor que agua como desayuno?- le espeto aun sin mirarlo. Pero él hace un chasquido con la boca, que provoca que vuelva a fijar la vista en su cara ¿Se está riendo?, en apariencia tiene una incipiente sonrisa.
Está vez él mira hacia abajo, su expresión es como si recordara algo.
-Siempre tomas un vaso con agua mineral todas las mañanas antes de cualquier otra cosa- me dice mientras se da vuelta y agarra una fuente que contenía dos tostadas, manteca, mermelada de frutos rojos y jugo de naranja natural. La cual coloca al lado del vaso, quedo estupefacta, ese es mi desayuno de preferencia.
Rodea el desayunador, se coloca atrás mío, apoyando su mano derecha en mi hombro derecho. Puedo sentir como mi cuerpo se tensa por su cercanía, y para agravarlo aproxima su rostro al mío desde atrás.
-Se que vas a degustarlo- susurra acentuando cada palabra. Noto que él disfruta mucho de la situación.
Mi cuerpo traicionero reacciona a suyo. Ofendida conmigo misma, con un movimiento que roza lo brusco me deshago de su mano en mi hombro y volteo para mirarlo de frente.
-¿Qué hago acá? ¿Y quién es usted?– le pregunto firmemente.
-Desayuná, vuelvo en diez minutos. Luego vemos. – A modo de respuesta, mientras toma rumbo hacia un pasillo.
-Y se fue no más.- exclamo, casi como una niña malcriada.
Miro ese desayuno. Me quejé por el agua, pero todo es muy extraño como para ponerme a desayunar en la casa de un desconocido sacado de una cueva. Una cueva... me quedo pensando mientras tomo el jugo de naranja y me paro a mirar a mí alrededor.
-Bueno, un vampiro no es; acá hay mucha luz-. Hablo conmigo misma, como si eso me hiciese compañía. Debo observar los detalles, algo me tiene que dar información.
Todo tiene esos todos blancuzcos e insípidos, todo muy limpio y ordenado. Sí, nada que ver con un vampiro.
Hay un escritorio en el extremo ¿vacío? ¿Ni una computadora? Puede tener una en otro lado o ser de esas personas paranoicas que no tienen nada de tecnología; casa de hippie no es; más probable lo del vampiro a que ese fuese hippie.
Pero esta no es su casa, acá no vive nadie. Eso no es una cocina con todas las letras. Debe ser un hotel.
¿Para qué me llevó a un hotel?
¿Estoy secuestrada? Bueno, eso puede ser. Y mi cuerpo sufre de Estocolmo*. Pero no me siento así, pero es, creo, la cercana realidad. ¿Pero un hotel? Si yo me secuestrara me metería en un sucucho. Bah, supongo que eso depende de lo que pretenda del secuestrado.
La ventana… El mirar la calle por ahí me podría dar una idea de la zona en la que estoy.
El sol matinal pelea con los hijos de las cortinas por hacerse un lugar para poder entrar, no deben pasar las 9 am.
Coloco una mano para agarrar la elegante tela bordada y un poco de luz me da cara, acariciando mi piel con su suave calor otoñal.
-Estás en pleno centro de Buenos Aires, ese murmullo apagado es el ruido infernal de Diagonal Norte- Me informa parado con las piernas levemente separadas y los brazos apoyados en la cadera. Lo miro de reojo, sin apartar la cara de la ventana.
-Ustedes no tienen cura. No sé como no lo noté antes. Sos de una fuerza- Le dije sin inmutarme.


*Síndrome de Estocolmo

Sacerdotisas germánicas



“Lo que los vencedores nos dejaron de los vencidos tiene un carácter especial, sobre todo por lo que hace a las mujeres germánicas, que si bien carecían de gracia, presentándose majestuosas bajo las formas de aquellas sacerdotisas címbricas que en el campamento observaban la horrible costumbre de los sacrificios humanos. Con la cabeza y los pies desnudos, el vestido de hilo blanco sujeto con un cinturón de cobre, y la espada desenvainada en la diestra, desfilaban en solemne procesión alrededor de una caldera de bronce, colocada en un alto tablado. Allí se conducía a los romanos cautivos, recibíanlos las sacerdotisas, y adornándolos con coronas como a los animales destinados al sacrificio. La gran sacerdotisa se acercaba después a la cadera; las victimas iban llegando una tras otra; inclinábase sobre el borde del recipiente, y aquella les cortaba la garganta, deduciendo sus pronósticos de la sangre vertida. Vemos, pues, que en el primer acto registrado en la historia de los germanos figura ya como rasgo característico el sacerdocio de las mujeres; y aun hoy día se conserva vivo entre nosotros, representado por la llamada “caldera de las brujas” el recuerdo de la que aquellos usaban para sus sacrificios".
Fuente: "Germanía: Dos mil años de historia alemana..." Johannes Scherr

jueves, 22 de octubre de 2015

Desperté (Capitulo II de "Existencias Veladas")

Desperté…
Despierto en un salón luminoso, silencioso; un living con abundante luz natural que entraba por los ventanales.
Había dormido profundamente, y… su rostro, sus ojos, su mirada... Es lo primero que vino a la mente. Y como si algo me quemara me paro de un salto saliendo del sopor.
Doy vueltas sobre el mismo punto, casi con desesperación, trato de saber que está pasando. Me quedo parada y, casi por instinto, voy caminando hacia atrás, hacia la falsa ilusión de seguridad de la pared.
A los tres pasos, una mano toma la mía con suavidad.
Me quedo dura, inmóvil, congelada… es él.
Pasa al lado mío con ese andar, que ya se reconocer, estirando mi brazo para luego dejarlo caer. Salgo del trance que ejerce su mirada sobre mí. Solo me observa con esa mueca en sus labios, de claros ojos grises, perturbadoramente astutos que puede confundir con sombríos.
Él sigue caminando hacia una barra, un desayunador. Cada tanto me mira de soslayo. Seguimos en silencio, no sé si debo hablar o no.
Saca una jarra y sirve agua en un vaso.
Me vuelve a mirar, empuja el vaso con sus dedos, indicando que tomara.
-Solo es agua- dice suave pero firme, con una expresión burlona.
Retomo la compostura y trato de dirigirme lentamente pero a paso seguro, no pretendo demostrar temor alguno. Pero él comenta, con una fugaz risa -si te hubiese querido matar nunca te hubieses enterado-.