Mostrando entradas con la etiqueta acuarela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta acuarela. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de octubre de 2017

La figura femenina en las culturas


Hace poco leí en medios distintos sobre un guerrero vikingo de alto grado que resultó ser una mujer. A pesar que desde un comienzo un antropólogo señaló los huesos anchos de las caderas y el mentón poco pronunciado propios de una mujer, la subjetividad, aun en académicos, propició que se asuma que por los objetos de hallados, como armas y piezas de estrategia, que esqueleto era de un hombre. Sumado aun más que la posición de la tumba y la disposición de sus posesiones fue una persona adorada por su pueblo. Finalmente, después de las llamadas de atención, repetitivas, sobre los huesos, se decidió realizar un ADN, en el cual resultó ser una mujer de aproximadamente 30 años.
Si el método se hubiese respetado, esto no tendría que haber sucedido. Lo cual me hace preguntar cuantas veces debe haber sucedido este tipo de cosas. En el caso de los vikingos no es el primer error de este tipo, si lo es en cuanto al caso de un guerrero de alto rango. 
Nuestra subjetividad nos hace imparciales. O sea la historia propia de cada uno, el contexto en el cual vive, sus ideas, estudios, etc. En el caso de las Ciencias Sociales es imposible ser objetivo en un 100%, y en mi opinión en todas las ramas de la ciencia, pero para evitar caer en este tipo de errores está el método científico.
Vivimos en un mundo en el cual durante milenios la única imagen impuesta de mujer era de la de una virgen madre. Este tipo de iconos ejercen, están para eso, influencia sobre la población, sobre lo que se espera de ellos en el hacer, pensar y sentir.
A pesar de que el cristianismo barrió con las culturas originarias de Europa y luego en Latinoamérica, si podemos saber un poco sobre la posición de la mujer (o cualquier otra cosa) gracias a los pocos vestigio de los íconos religiosos, estatuas, monumentos, etc.
Un ejemplo claro es que las tribus germánicas tenían una palabra, hasta hoy día se mantiene, para “Dios” como una entidad ni masculina ni femenina y otra para “el dios” judío-cristiano como masculino. 
Por otro lado tenemos casos como el de Freya, descripta como una diosa libidinosa, pero nunca se la menciona de forma despectiva por ese aspecto. Era la diosa del amor, la fertilidad y la belleza. Cuando más lejana es la fuente de información del cristianismo, también era la diosa asociada a la magia, la guerra, la muerte, la profecía y la riqueza. 
En el caso de las valkirias, las mujeres guerreras, últimamente solo conocidas por elegir a los más valientes entre los muertos en batalla, no eran solo eso. Los texto dicen que eran enviadas por Odín para favorecer a un bando y hacerlo ganador, comandados por su hija Brunilda. Si bien se las describe, también hoy día, como “doncellas guerreras”, no eran tales. En la Saga de los Volsungos Brunilda tenía un hijo de Sigfrido, concebido antes de que este se casara con Gudrun, del cual él no sabía de su existencia y de otro hijo mayor (no menciona el padre).
Pocos lo saben, pero les debemos a los árabes el tener hoy día los textos de los filósofos griegos. Así que tampoco tenemos todas las fuentes y las que hay son una selección de otro pueblo. Pero igualmente podemos tomar los íconos de la cultura griega. Atenea como la diosa de la sabiduría, de la guerra, la estrategia, la civilización, las ciencias, la justicia y las habilidades. A Artemisa como la diosa asociada a la caza. Entre otras.
Finalmente con la inquisición se exterminó con toda las actividades de las mujeres que no sean compatibles con la idea de la madre virgen.

miércoles, 10 de febrero de 2016

María y la ventana (El Túnel)

Lo siguiente era una tarea para el taller literario al que asistía. Como estabamos leyendo "El Tunel" teniamos que escribir un relato sobre cuando María ve por primera vez el cuadro de Juan Pablo Castel.

La monotonía de mis aburridas noches junto a mi esposo ciego volvían más palpitantes a mis ideas de darles un fin. Aún estando aturdida por ellas, recordé que había una muestra de pintura que me interesaba, uno de los que exponía era Juan Pablo Castel, cuyos trabajos me habían llamado la atención. Era una buena oportunidad para distraerme y alejar aquellos pensamientos.
Caminando por las calles de Buenos Aires camino a la muestra, en la penumbra del atardecer ya acaecido, tratando de dispersar mi mente, sin mucho éxito.
Hay más personas de las que esperaba, el aire está algo viciado. Las obras exageradamente coloridas, seguro por ser el salón “Primavera”, pero creo que se pasaron en lo primaveral. Sigo recorriendo, caminando entre la multitud y aun no encuentro la obra de Castel.
Llego a una obra “Maternidad”, si, tiene que ser esa, lleva su impronta. En efecto, lo es. La miro con atención, esperaba más, Pero un momento, esa escena… La de la ventana. Veo a una mujer mirando deseosa el mar, como queriendo tirarse, hundirse en el y desaparecer. Se siente como yo, le pasa lo mismo, el mar la llama para que le de fin a su vida. Siento como si estuviese ahí, en la arena, el viento y el mar llamándome. Era yo la que estaba en la pintura. ¿Castel se sentirá igual? ¿O seré solo yo la que piensa así esa escena y le da más importancia a esta que al resto del cuadro? Porque estoy segura, la parte principal del cuadro es lo que sucede en la ventana?
Tengo que irme de acá, la idea era sacar ciertos pensamientos de mi cabeza. Necesito salir.
 
 

Dresden- Dritte Beschreibung


Das Blut lief von meiner Hand, der schnitt ist tief.Mehrere Tage sind vergangen, seit die letzte Bombe fiel. Noch steht der eigenartige Rauch, der seltsame geruch nach verbrannten Fleisch in der luft.

Nur ein Nachbar ist noch am leben, ein Junge von 7 Jahren. Er kam vor mir aus seinem Luftschutzkeller. Zufällig erzählte er mir, sah er wie jemand versuchte , einem Qualenden zu helfen und dabei selbst verbrannte.
Was raucht darf nicht berührt werden! Tausende starben im Todeskampf nach den Bombardierungen, ohne etwas tun zu Können, ausser die eigene Verbrennung zu überleben.
Nchdem wir un sum die Toten Kümmerten, begannen wir die Ziegel zu säubern. Zuerst verkratzten meine Hände, nach kurzer  Zeit hatte ich Wunden . Den ganzen tag verbrach ich mit dieser Arbeit um nicht ins grübeln zu kommen.  Erst jetzt bemerke ich das ich minutenlang auf meine Wunden starte.
Ich hebe von dem staub auf.  Asche der Heuser, geschefte und Personen. Ich hebe mehr auf vom Boden und umschliese es fest um es, zusammen mit dem Blut meiner Hand an mich zu binden – Es ist meins.

---------------------------

La sangre corre de mi mano, me corté con profundidad.
Han pasado varios días desde la última bomba. Aún hay algo de ese extraño humo, de ese extraño olor a carne quemada.
Solo uno de mis vecinos está vivo, un niño de 7 años. Él había salido de su refugio antes que yo. De casualidad, me contó, vió como alguien intentó ayudar a un “humeante”, pero comenzó a quemarse ese también.
Donde hay humo, no se toca. Miles murieron en agonía pos bombardeo, sin poder hacer nada, solo ver ser consumidos.
Luego de ocuparnos de los cuerpos, comenzamos a limpiar ladrillo por ladrillo. Primero se rasparon mis manos, en poco tiempo ya tenía cayos. Paso todo el día en esa labor. Hace que no piense, que mi mente esté ocupada.
Recién me doy cuenta, pasé minutos mirando fijamente la herida, perdida.
Tomo de ese polvo que hay por todos lados. Cenizas de casas, de hogares, de negocios, de personas. Agarro más desde el suelo y apretó con fuerza, lastimándome más… queriendo aferrar eso a mí, junto al líquido que emana de mi mano.
Es mía.

miércoles, 27 de enero de 2016

En Camino (VI Capítulo de "Existencias Veladas")




Lucas termina de cerrar la puerta tras nosotros tres. Quisiera apoyarme contra la pared, pero no la veo bien. Creo que el asco supera al cansancio. Entonces apoyo mis manos sobre las rodillas aun buscando normalizar el ritmo de la respiración entre medio del dolor en las costillas; igualmente no se puede respirar fuertemente, el aire está muy viciado con un olor espantoso.
Sofía saca una pequeña linterna de su bolsillo, en otras circunstancias hubiese parecido que iluminaba poco, pero en esta oscuridad tan profunda parecía todo un reflector.
-Vamos a tratar de ir rápido, pero los más silenciosa y cuidadosamente que se pueda, uno nunca sabe lo que se puede encontrar en estos túneles…- Comunica Sofía a Lucas y a mí, pero me deja pensando a que se refiere con lo último.
Siento gotas de algún líquido, que espero que sea solo agua, aunque eso sería mentirme. El suelo está pegajoso  y en sectores algo barrosos, el cual impide que el avance sea algo más rápido. También se escuchan los gemidos, chillidos o vaya una a saber que de animalias, fauna. Tengo que decidirme si centrar mis pensamientos en el entorno o en los dolores que se van sintiendo de forma más aguda.
Solo escucho nuestros pasos  y ruidos lejanos, aunque hay muy buena acústica, que hacen que me sobresalte a la defensiva cada tanto.  No se puede respirar bien, si bien ya se me pasaron las ganas de regurgitar que me provocó en un principio.
-¿Falta mucho Sofía?- Le pregunto casi balbuceante. Me recordó un breve instante a mi infancia de vacaciones preguntándole a mi padre en pleno viaje cuanto faltaba para llegar.
-No, solo un poco más- Responde Sofía con un dejo de mal humor. Pero a mí me sonaba a mentira.
No puedo dejar de renegar mentalmente por el olor, el cansancio, el dolor, los bichos –¡AY!- Me caí, estoy en el suelo, sucio, barroso, gomoso, asqueroso. Siento punzadas por todo el cuerpo. Lucas me toma del brazo para levantarme; presiono los labios por el dolor.
Seguimos caminando como unos 15 minutos más, empiezo a sentir un aire un poco más… limpio, fresco. Debemos estar cerca.
Efectivamente, llegamos a un punto de uno de los túneles donde se ve un halo de luz indicado el borde de una puerta.
-Lucas, por favor... abrí vos la puerta- Le pide Sofía con un tono de alivio en la voz. Este de acerca y empieza a golpearla con el hombro, sin éxito. –Mejor déjame a mí Lucas- Dice Sofía sacándolo del medio para luego  darle una patada abriendo la apertura dejándonos ciegos por la luz unos instantes, pero por fin… aire.
-Vamos a tomar un tren hasta Villa Ballester- Nos informa Sofía y al notar como me miro lo sucia y olorosa que estoy me dice casi riéndose- Vos Adriadna vas en el furgón. Si alguien pregunta que te pasó, respondes que te recibiste de Licenciada de lo que se te ocurra pero no te tiraron huevos.
Me estaría riendo si no fuese por el contexto, solo logro hacer una mueca.
Salimos a una plaza, cerca de la Estación Belgrano R, a unos pasos. Hay personas pero cada una parece en propio mundo ya que casi no les llama la suficiente atención que tres personas salgan, de lo que ahora me doy cuenta, debajo del andén.
Sé que detrás del edificio de la boletería hay una canilla de agua, me dirijo ahí sin escuchar las quejas de Sofía y Lucas. Llego y trato de lavarme lo mejor que puedo, lo más rápido que puedo. No me olvido Que suele ser una estación con frecuente presencia policial.
-Vamos, viene el tren- me murmura Lucas arrastrándome del brazo.
-Ok, Ok, ya está. Vamos- le digo siguiéndolos.
Subimos al tren, siento las miradas de medio vagón, pero también solo pueden ser ideas mías en parte. En este momento realmente quisiera irme al vagón furgón.
Finalmente, después de casi más de media hora por un viaje que debía durar la mitad, bajamos en la estación Chilavert, del barrio de Villa Ballester.
Ahora vamos caminando por la calle paralela a las vías del tren.
-Llegamos-dice Lucas. Pero yo solo veo un terreno baldío con muchos matorrales.  Pero Lucas dobla en la esquina, siguiendo por la perpendicular a las vías y ahí veo una casa venida abajo detrás de una mansión en ruinas y tapada de enredaderas. ¿Viven en esta… cosa?
-No te hagas ideas antes de entrar Adriadna, adentro es acogedora- Me comenta Sofía adivinando mis pensamientos. Pero ni entramos en la mansión en ruinas, sino en la casa que debió ser de los empleados.
Entramos y… más - ¿Túneles? No de nuevo- Exclamo agotada.
-No Adriadna, por suerte es solo para entrar en la casona, son solo 70 metros bien iluminados… si queremos.- Me susurro Erik en oído, que apareciendo por un costado.
Me aparto con brusquedad, como por instinto de conservación. No me crea una sensación de atracción, aunque me disguste aceptarlo, como en las horas de la mañana; me crea casi la misma sensación de ayer. Hay algo de atracción y repulsión. Lo miro bien, tiene ese semblante extraño nuevamente.
Todos se dan cuenta de mi sobresalto, se quedan duros Sofía y Lucas. Erik da media vuelta evidentemente molesto.
¡Che Erik!- Trata de frenarlo Lucas.
-Sí,  Eduardo está bien- dice Erik casi gritando bastante molesto.
-Lo siento Erik, no fue mi intención, no es para tanto.-Trato de disculparme con Erik
-No te preocupes Adriadna, dice dándose vuelta Erik, pero sin mirarme a la cara- Es solo tu instinto cuando yo estoy así.


martes, 27 de octubre de 2015

Miradas (Capitulo III de "Existencias Veladas")


Acelero  levemente mi paso y me siento  en el taburete casi con fuerza. Estoy pasando  del  temor al mal humor o una extraña mezcla de ambas cosas.
Le lanzo una mirada fulminante, como retándolo, lo mejor que me sale para mantenerla. Pero bajo la cabeza, para disimular miro el vaso, lo tomo con mi mano derecha.
-¿No tenés algo mejor que agua como desayuno?- le espeto aun sin mirarlo. Pero él hace un chasquido con la boca, que provoca que vuelva a fijar la vista en su cara ¿Se está riendo?, en apariencia tiene una incipiente sonrisa.
Está vez él mira hacia abajo, su expresión es como si recordara algo.
-Siempre tomas un vaso con agua mineral todas las mañanas antes de cualquier otra cosa- me dice mientras se da vuelta y agarra una fuente que contenía dos tostadas, manteca, mermelada de frutos rojos y jugo de naranja natural. La cual coloca al lado del vaso, quedo estupefacta, ese es mi desayuno de preferencia.
Rodea el desayunador, se coloca atrás mío, apoyando su mano derecha en mi hombro derecho. Puedo sentir como mi cuerpo se tensa por su cercanía, y para agravarlo aproxima su rostro al mío desde atrás.
-Se que vas a degustarlo- susurra acentuando cada palabra. Noto que él disfruta mucho de la situación.
Mi cuerpo traicionero reacciona a suyo. Ofendida conmigo misma, con un movimiento que roza lo brusco me deshago de su mano en mi hombro y volteo para mirarlo de frente.
-¿Qué hago acá? ¿Y quién es usted?– le pregunto firmemente.
-Desayuná, vuelvo en diez minutos. Luego vemos. – A modo de respuesta, mientras toma rumbo hacia un pasillo.
-Y se fue no más.- exclamo, casi como una niña malcriada.
Miro ese desayuno. Me quejé por el agua, pero todo es muy extraño como para ponerme a desayunar en la casa de un desconocido sacado de una cueva. Una cueva... me quedo pensando mientras tomo el jugo de naranja y me paro a mirar a mí alrededor.
-Bueno, un vampiro no es; acá hay mucha luz-. Hablo conmigo misma, como si eso me hiciese compañía. Debo observar los detalles, algo me tiene que dar información.
Todo tiene esos todos blancuzcos e insípidos, todo muy limpio y ordenado. Sí, nada que ver con un vampiro.
Hay un escritorio en el extremo ¿vacío? ¿Ni una computadora? Puede tener una en otro lado o ser de esas personas paranoicas que no tienen nada de tecnología; casa de hippie no es; más probable lo del vampiro a que ese fuese hippie.
Pero esta no es su casa, acá no vive nadie. Eso no es una cocina con todas las letras. Debe ser un hotel.
¿Para qué me llevó a un hotel?
¿Estoy secuestrada? Bueno, eso puede ser. Y mi cuerpo sufre de Estocolmo*. Pero no me siento así, pero es, creo, la cercana realidad. ¿Pero un hotel? Si yo me secuestrara me metería en un sucucho. Bah, supongo que eso depende de lo que pretenda del secuestrado.
La ventana… El mirar la calle por ahí me podría dar una idea de la zona en la que estoy.
El sol matinal pelea con los hijos de las cortinas por hacerse un lugar para poder entrar, no deben pasar las 9 am.
Coloco una mano para agarrar la elegante tela bordada y un poco de luz me da cara, acariciando mi piel con su suave calor otoñal.
-Estás en pleno centro de Buenos Aires, ese murmullo apagado es el ruido infernal de Diagonal Norte- Me informa parado con las piernas levemente separadas y los brazos apoyados en la cadera. Lo miro de reojo, sin apartar la cara de la ventana.
-Ustedes no tienen cura. No sé como no lo noté antes. Sos de una fuerza- Le dije sin inmutarme.


*Síndrome de Estocolmo

domingo, 18 de octubre de 2015

Mi tormeta



Silencio, quietud
Un fuerte viento
Una fuerte lluvia
Truenos, relámpagos

Para mi vida
Para mi furia
Para mí

Que exprese lo que siento
Que exprese lo que soy
Que exprese mi poder
Que exprese mi destrucción

Que me libere

Que me calme

TEXTO E IMAGEN DE MELANIE KÖHLE

sábado, 17 de octubre de 2015

Fuerte




Suficientemente fuerte para que la muerte no gane;

Fuerte para imponer vida.

Suficientemente fuerte para afrontar todas las tormentas;
Fuerte para seguir a paso firme.

Suficientemente fuerte para transformar los intentos de golpes;
Fuerte para aprender.

Suficientemente fuerte para que no duelan las rodillas ensangrentadas;
Fuerte porque siempre de pie.

Suficientemente fuerte para esperar;
Fuerte porque se quién soy.

Texto e imagen: Melanie Köhle

viernes, 16 de octubre de 2015

Ahí estoy


Ahí estoy yo, 
sentada al borde de un abismo de hielo. 
No soy una suicida, pero el abismo me hipnotiza. 
Me da, por lo menos, vértigo.
Me siento, me acuesto al borde.
Una mezcla de adrenalina y de letargo.
Mi lugar es ese.

Texto e imagen: Melanie Köhle

martes, 13 de octubre de 2015

Dresden - Tercer relato

Ay!
La sangre corre de mi mano, me corté con profundidad.
Han pasado varios días desde la última bomba. Aún hay algo de ese extraño humo, de ese extraño olor a carne quemada.
Solo uno de mis vecinos está vivo, un niño de 7 años. Él había salido de su refugio antes que yo. De casualidad, me contó, vió como alguien intentó ayudar a un “humeante”, pero comenzó a quemarse ese también.
Donde hay humo, no se toca. Miles murieron en agonía pos bombardeo, sin poder hacer nada, solo ver ser consumidos.
Luego de ocuparnos de los cuerpos, comenzamos a limpiar ladrillo por ladrillo. Primero se rasparon mis manos, en poco tiempo ya tenía cayos. Paso todo el día en esa labor. Hace que no piense, que mi mente esté ocupada.
Recién me doy cuenta, pasé minutos mirando fijamente la herida, perdida.
Tomo de ese polvo que hay por todos lados. Cenizas de casas, de hogares, de negocios, de personas. Agarro más desde el suelo y apretó con fuerza, lastimándome más… queriendo aferrar eso a mí, junto al líquido que emana de mi mano.
Es mía

Texto e imagen: Melanie Köhle


Dresden - Segundo relato


Salí cuando me encontraron un grupo de personas llenas de polvo, a las que casi no reconocí. Encontrar una persona viva, luego me di cuenta, era de una extraña alegría; pero esos en los pocos momentos que llenaban levemente de vitalidad necesaria para continuar con las labores.
En cuanto pisé fuera, después de la segunda tanda de bombas, era como despertar de un sueño profundo donde uno tarda un poco en enfocar donde se encuentra. Para mí no era mi ciudad, no la reconocía en sus fachadas, hasta me costó ubicar cual era la calle.
Poco después me uní a los demás, primero en las búsquedas (ya que de enfermería no tenía conocimientos) luego pasé a las tareas de higiene… había que comenzar rápidamente a recolectar cuerpos o la situación podía volverse aún peor. En filas los cadáveres completos y en pilas los incompletos e irreconocibles.

Texto e imagen: Melanie Köhle

VER MUESTRA DE ARTE COMPLETA AQUI