Diosa germánica
asociada a la primavera boreal (nuestro otoño austral por estos pagos) y la luz.
Se la venera durante el equinoccio del 21 de marzo cuando vuelve la vida luego
del crudo invierno, pero también se contaban las lunas, así que podía ser entre
finales de marzo hasta finales de abril. Es la diosa del amanecer o el despertar
de las fuerzas germinativas.
Se la
presenta, usualmente, regando los campos con semillas y haciéndolas florecer.
Recordemos que en el norte la primavera “aparece” de un día para el otro y no
tan paulatinamente como la vemos en Argentina.
El famoso
conejo de pascua estaba asociado a esta diosa y a Freyja (posiblemente la misma
diosa con diferentes manifestaciones). Se cree que por ser un animal muy
prolifero representaba la fecundidad el amor y el placer.
El huevo.
Muchos tratan de explicar que el huevo es otro símbolo de fertilidad, si bien
no está lejos de la verdad es aún más profundo. El huevo representa la unidad,
lo femenino y lo masculino. Por eso a veces vemos huevos de piedras también o
en otros contextos que no tienen nada que ver con las pascuas.
Nuevamente
una festividad germánica paso a ser parte del calendario católico para la
cristianización de los pueblos europeos, que tampoco fueron pacificas.

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