Hace poco leí en medios distintos sobre un guerrero vikingo de alto grado que resultó ser una mujer. A pesar que desde un comienzo un antropólogo señaló los huesos anchos de las caderas y el mentón poco pronunciado propios de una mujer, la subjetividad, aun en académicos, propició que se asuma que por los objetos de hallados, como armas y piezas de estrategia, que esqueleto era de un hombre. Sumado aun más que la posición de la tumba y la disposición de sus posesiones fue una persona adorada por su pueblo. Finalmente, después de las llamadas de atención, repetitivas, sobre los huesos, se decidió realizar un ADN, en el cual resultó ser una mujer de aproximadamente 30 años.
Si el método se hubiese respetado, esto no tendría que haber sucedido. Lo cual me hace preguntar cuantas veces debe haber sucedido este tipo de cosas. En el caso de los vikingos no es el primer error de este tipo, si lo es en cuanto al caso de un guerrero de alto rango.
Nuestra subjetividad nos hace imparciales. O sea la historia propia de cada uno, el contexto en el cual vive, sus ideas, estudios, etc. En el caso de las Ciencias Sociales es imposible ser objetivo en un 100%, y en mi opinión en todas las ramas de la ciencia, pero para evitar caer en este tipo de errores está el método científico.
Vivimos en un mundo en el cual durante milenios la única imagen impuesta de mujer era de la de una virgen madre. Este tipo de iconos ejercen, están para eso, influencia sobre la población, sobre lo que se espera de ellos en el hacer, pensar y sentir.
A pesar de que el cristianismo barrió con las culturas originarias de Europa y luego en Latinoamérica, si podemos saber un poco sobre la posición de la mujer (o cualquier otra cosa) gracias a los pocos vestigio de los íconos religiosos, estatuas, monumentos, etc.
Un ejemplo claro es que las tribus germánicas tenían una palabra, hasta hoy día se mantiene, para “Dios” como una entidad ni masculina ni femenina y otra para “el dios” judío-cristiano como masculino.
Por otro lado tenemos casos como el de Freya, descripta como una diosa libidinosa, pero nunca se la menciona de forma despectiva por ese aspecto. Era la diosa del amor, la fertilidad y la belleza. Cuando más lejana es la fuente de información del cristianismo, también era la diosa asociada a la magia, la guerra, la muerte, la profecía y la riqueza.
En el caso de las valkirias, las mujeres guerreras, últimamente solo conocidas por elegir a los más valientes entre los muertos en batalla, no eran solo eso. Los texto dicen que eran enviadas por Odín para favorecer a un bando y hacerlo ganador, comandados por su hija Brunilda. Si bien se las describe, también hoy día, como “doncellas guerreras”, no eran tales. En la Saga de los Volsungos Brunilda tenía un hijo de Sigfrido, concebido antes de que este se casara con Gudrun, del cual él no sabía de su existencia y de otro hijo mayor (no menciona el padre).
Pocos lo saben, pero les debemos a los árabes el tener hoy día los textos de los filósofos griegos. Así que tampoco tenemos todas las fuentes y las que hay son una selección de otro pueblo. Pero igualmente podemos tomar los íconos de la cultura griega. Atenea como la diosa de la sabiduría, de la guerra, la estrategia, la civilización, las ciencias, la justicia y las habilidades. A Artemisa como la diosa asociada a la caza. Entre otras.
Finalmente con la inquisición se exterminó con toda las actividades de las mujeres que no sean compatibles con la idea de la madre virgen.








