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jueves, 6 de octubre de 2016

"Un fantasma en las calles de Chilavert"

Aproximadamente hace siete años había salido a caminar con mi amiga Yamila por la zona de Chilavert en una tarde – noche de primavera. En ese entonces no era una persona que creyera en fantasmas ni en nada paranormal, pero la vida me demostró varias veces que hay más cosas entre el cielo y la tierra de lo que uno cree o le enseñaron.
Estábamos pasando por Independencia entre Ituzaingó y Profesor Simon cuando le digo, a modo de broma, a mi amiga Yamila que en el caserón, actualmente abandonado y tapado por enredaderas: “Ahí deben haber ocultado muertos”. Después de unas risas y un “reto amistoso” de mi amiga seguimos nuestro recorrido por el barrio.
Ya había oscurecido cuando retornábamos hacia la casa de ella; recuerdo la luna entre los árboles, pero aún había un leve resplandor anaranjado. Pasamos por la reja de ese caserón nuevamente, pero ninguna hizo mención alguna sobre “los muertos”, ya que nos estábamos riendo de algo que ya no recuerdo.
Llegando a la esquina de Independencia e Ituzaingó sentí que alguien me agarraba del brazo derecho desde atrás con algo de fuerza pero sin hacer daño. Me di vuelta para ver quién era o necesitaba… No había nadie.
Me quedé un poco sorprendida pensando en que no había sido mi imaginación y milésimas de segundos después, por el rabillo del ojo izquierdo, noté un destello de una leve luz que asumí que era el foco de un auto lejano o algo así. 
Entonces dejé de mirar hacia atrás y me vuelvo hacia Yamila, quien estaba dura y blanca mirándome fijo. La observé extrañada y me soltó: “Vi un brazo”, señalando el lado de la calle hacia nosotras, como impidiendo el paso. Recordé el destello de luz y le pregunté: “¿Era medio luminoso pero de color beige, más o menos a la altura de nuestros brazos?” Casi no me dejó terminar la pregunta: “Sí”. Todavía paradas en ese lugar le conté que “algo” me había tomado del brazo derecho.
No nos quedó una mala sensación, pero aun hoy día me pregunto qué hay en esa casa y si era un pedido de ayuda de un alma sin descanso.
 
Publicado en la revista digital zonal "Panoptico Ballester"

sábado, 27 de febrero de 2016

El profesor de inglés

Un grupo de alumnos del colegio habíamos ido a reforzar nuestro nivel de inglés a Fort Lauderlade, Florida, Estados Unidos en 1999.
En una de las clases, donde había alumnos de otras nacionalidades (japoneses, venezolanos.  colombianos y otro argentino) entró uno de los profesores; del estilo gordito simpático de edad, ya mayor.
Después de presentarnos el profesor me pregunta de donde era, casi sin mirarme, solo un poco de costado. Respondí que de la Argentina. Se quedó uno largos segundos pensativo y me preguntó por mis orígenes, trabándose un poco, si era alemana. Le respondí que sí, por parte de mi padre.
Con la cabeza mirando hacia el piso pero con los ojos dirigidos hacia mí me dijo “Yo estuve en la Segunda Guerra, en el ejército Americano”. Sus lágrimas empezaban a caer de a poco.
Pero continuó “Hicimos cosas horribles”, lloraba cada vez más fuerte, “Hice cosas horribles”, seguió diciendo mientras pasaba de las lágrimas al llanto. “Perdón, perdón” empezó a balbucear en medio de las lágrimas y su espalda convulsionada.
Yo creía que debía ir ahí, sin decirle nada, solo tomar la mano de ese hombre arrepentido.
Pero no lo hice, pedía perdón y yo no sabía dárselo.
Una persona realmente pide perdón cuando no volvería a cometer los mismos actos, no por la consecuencia de sus actos que se han vuelto en su contra. Este señor realmente estaba arrepentido y aun habiendo pasado los años vivía con ese tormento.
La primera vez que conté, este hecho sucedido en Estados Unidos, fue hace un año... demoré más de 15 años en contárselo a otra persona.

(2015)

miércoles, 10 de febrero de 2016

María y la ventana (El Túnel)

Lo siguiente era una tarea para el taller literario al que asistía. Como estabamos leyendo "El Tunel" teniamos que escribir un relato sobre cuando María ve por primera vez el cuadro de Juan Pablo Castel.

La monotonía de mis aburridas noches junto a mi esposo ciego volvían más palpitantes a mis ideas de darles un fin. Aún estando aturdida por ellas, recordé que había una muestra de pintura que me interesaba, uno de los que exponía era Juan Pablo Castel, cuyos trabajos me habían llamado la atención. Era una buena oportunidad para distraerme y alejar aquellos pensamientos.
Caminando por las calles de Buenos Aires camino a la muestra, en la penumbra del atardecer ya acaecido, tratando de dispersar mi mente, sin mucho éxito.
Hay más personas de las que esperaba, el aire está algo viciado. Las obras exageradamente coloridas, seguro por ser el salón “Primavera”, pero creo que se pasaron en lo primaveral. Sigo recorriendo, caminando entre la multitud y aun no encuentro la obra de Castel.
Llego a una obra “Maternidad”, si, tiene que ser esa, lleva su impronta. En efecto, lo es. La miro con atención, esperaba más, Pero un momento, esa escena… La de la ventana. Veo a una mujer mirando deseosa el mar, como queriendo tirarse, hundirse en el y desaparecer. Se siente como yo, le pasa lo mismo, el mar la llama para que le de fin a su vida. Siento como si estuviese ahí, en la arena, el viento y el mar llamándome. Era yo la que estaba en la pintura. ¿Castel se sentirá igual? ¿O seré solo yo la que piensa así esa escena y le da más importancia a esta que al resto del cuadro? Porque estoy segura, la parte principal del cuadro es lo que sucede en la ventana?
Tengo que irme de acá, la idea era sacar ciertos pensamientos de mi cabeza. Necesito salir.
 
 

Dresden- Dritte Beschreibung


Das Blut lief von meiner Hand, der schnitt ist tief.Mehrere Tage sind vergangen, seit die letzte Bombe fiel. Noch steht der eigenartige Rauch, der seltsame geruch nach verbrannten Fleisch in der luft.

Nur ein Nachbar ist noch am leben, ein Junge von 7 Jahren. Er kam vor mir aus seinem Luftschutzkeller. Zufällig erzählte er mir, sah er wie jemand versuchte , einem Qualenden zu helfen und dabei selbst verbrannte.
Was raucht darf nicht berührt werden! Tausende starben im Todeskampf nach den Bombardierungen, ohne etwas tun zu Können, ausser die eigene Verbrennung zu überleben.
Nchdem wir un sum die Toten Kümmerten, begannen wir die Ziegel zu säubern. Zuerst verkratzten meine Hände, nach kurzer  Zeit hatte ich Wunden . Den ganzen tag verbrach ich mit dieser Arbeit um nicht ins grübeln zu kommen.  Erst jetzt bemerke ich das ich minutenlang auf meine Wunden starte.
Ich hebe von dem staub auf.  Asche der Heuser, geschefte und Personen. Ich hebe mehr auf vom Boden und umschliese es fest um es, zusammen mit dem Blut meiner Hand an mich zu binden – Es ist meins.

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La sangre corre de mi mano, me corté con profundidad.
Han pasado varios días desde la última bomba. Aún hay algo de ese extraño humo, de ese extraño olor a carne quemada.
Solo uno de mis vecinos está vivo, un niño de 7 años. Él había salido de su refugio antes que yo. De casualidad, me contó, vió como alguien intentó ayudar a un “humeante”, pero comenzó a quemarse ese también.
Donde hay humo, no se toca. Miles murieron en agonía pos bombardeo, sin poder hacer nada, solo ver ser consumidos.
Luego de ocuparnos de los cuerpos, comenzamos a limpiar ladrillo por ladrillo. Primero se rasparon mis manos, en poco tiempo ya tenía cayos. Paso todo el día en esa labor. Hace que no piense, que mi mente esté ocupada.
Recién me doy cuenta, pasé minutos mirando fijamente la herida, perdida.
Tomo de ese polvo que hay por todos lados. Cenizas de casas, de hogares, de negocios, de personas. Agarro más desde el suelo y apretó con fuerza, lastimándome más… queriendo aferrar eso a mí, junto al líquido que emana de mi mano.
Es mía.

miércoles, 27 de enero de 2016

En Camino (VI Capítulo de "Existencias Veladas")




Lucas termina de cerrar la puerta tras nosotros tres. Quisiera apoyarme contra la pared, pero no la veo bien. Creo que el asco supera al cansancio. Entonces apoyo mis manos sobre las rodillas aun buscando normalizar el ritmo de la respiración entre medio del dolor en las costillas; igualmente no se puede respirar fuertemente, el aire está muy viciado con un olor espantoso.
Sofía saca una pequeña linterna de su bolsillo, en otras circunstancias hubiese parecido que iluminaba poco, pero en esta oscuridad tan profunda parecía todo un reflector.
-Vamos a tratar de ir rápido, pero los más silenciosa y cuidadosamente que se pueda, uno nunca sabe lo que se puede encontrar en estos túneles…- Comunica Sofía a Lucas y a mí, pero me deja pensando a que se refiere con lo último.
Siento gotas de algún líquido, que espero que sea solo agua, aunque eso sería mentirme. El suelo está pegajoso  y en sectores algo barrosos, el cual impide que el avance sea algo más rápido. También se escuchan los gemidos, chillidos o vaya una a saber que de animalias, fauna. Tengo que decidirme si centrar mis pensamientos en el entorno o en los dolores que se van sintiendo de forma más aguda.
Solo escucho nuestros pasos  y ruidos lejanos, aunque hay muy buena acústica, que hacen que me sobresalte a la defensiva cada tanto.  No se puede respirar bien, si bien ya se me pasaron las ganas de regurgitar que me provocó en un principio.
-¿Falta mucho Sofía?- Le pregunto casi balbuceante. Me recordó un breve instante a mi infancia de vacaciones preguntándole a mi padre en pleno viaje cuanto faltaba para llegar.
-No, solo un poco más- Responde Sofía con un dejo de mal humor. Pero a mí me sonaba a mentira.
No puedo dejar de renegar mentalmente por el olor, el cansancio, el dolor, los bichos –¡AY!- Me caí, estoy en el suelo, sucio, barroso, gomoso, asqueroso. Siento punzadas por todo el cuerpo. Lucas me toma del brazo para levantarme; presiono los labios por el dolor.
Seguimos caminando como unos 15 minutos más, empiezo a sentir un aire un poco más… limpio, fresco. Debemos estar cerca.
Efectivamente, llegamos a un punto de uno de los túneles donde se ve un halo de luz indicado el borde de una puerta.
-Lucas, por favor... abrí vos la puerta- Le pide Sofía con un tono de alivio en la voz. Este de acerca y empieza a golpearla con el hombro, sin éxito. –Mejor déjame a mí Lucas- Dice Sofía sacándolo del medio para luego  darle una patada abriendo la apertura dejándonos ciegos por la luz unos instantes, pero por fin… aire.
-Vamos a tomar un tren hasta Villa Ballester- Nos informa Sofía y al notar como me miro lo sucia y olorosa que estoy me dice casi riéndose- Vos Adriadna vas en el furgón. Si alguien pregunta que te pasó, respondes que te recibiste de Licenciada de lo que se te ocurra pero no te tiraron huevos.
Me estaría riendo si no fuese por el contexto, solo logro hacer una mueca.
Salimos a una plaza, cerca de la Estación Belgrano R, a unos pasos. Hay personas pero cada una parece en propio mundo ya que casi no les llama la suficiente atención que tres personas salgan, de lo que ahora me doy cuenta, debajo del andén.
Sé que detrás del edificio de la boletería hay una canilla de agua, me dirijo ahí sin escuchar las quejas de Sofía y Lucas. Llego y trato de lavarme lo mejor que puedo, lo más rápido que puedo. No me olvido Que suele ser una estación con frecuente presencia policial.
-Vamos, viene el tren- me murmura Lucas arrastrándome del brazo.
-Ok, Ok, ya está. Vamos- le digo siguiéndolos.
Subimos al tren, siento las miradas de medio vagón, pero también solo pueden ser ideas mías en parte. En este momento realmente quisiera irme al vagón furgón.
Finalmente, después de casi más de media hora por un viaje que debía durar la mitad, bajamos en la estación Chilavert, del barrio de Villa Ballester.
Ahora vamos caminando por la calle paralela a las vías del tren.
-Llegamos-dice Lucas. Pero yo solo veo un terreno baldío con muchos matorrales.  Pero Lucas dobla en la esquina, siguiendo por la perpendicular a las vías y ahí veo una casa venida abajo detrás de una mansión en ruinas y tapada de enredaderas. ¿Viven en esta… cosa?
-No te hagas ideas antes de entrar Adriadna, adentro es acogedora- Me comenta Sofía adivinando mis pensamientos. Pero ni entramos en la mansión en ruinas, sino en la casa que debió ser de los empleados.
Entramos y… más - ¿Túneles? No de nuevo- Exclamo agotada.
-No Adriadna, por suerte es solo para entrar en la casona, son solo 70 metros bien iluminados… si queremos.- Me susurro Erik en oído, que apareciendo por un costado.
Me aparto con brusquedad, como por instinto de conservación. No me crea una sensación de atracción, aunque me disguste aceptarlo, como en las horas de la mañana; me crea casi la misma sensación de ayer. Hay algo de atracción y repulsión. Lo miro bien, tiene ese semblante extraño nuevamente.
Todos se dan cuenta de mi sobresalto, se quedan duros Sofía y Lucas. Erik da media vuelta evidentemente molesto.
¡Che Erik!- Trata de frenarlo Lucas.
-Sí,  Eduardo está bien- dice Erik casi gritando bastante molesto.
-Lo siento Erik, no fue mi intención, no es para tanto.-Trato de disculparme con Erik
-No te preocupes Adriadna, dice dándose vuelta Erik, pero sin mirarme a la cara- Es solo tu instinto cuando yo estoy así.


domingo, 1 de noviembre de 2015

Primer enfrentamiento (Capítulo V de "Existencias Veladas")

  

Erik me indica que vaya hacia él. ¿Qué otra quedaba? Llego hasta él, me toma de la muñeca.
-Van a estar todos corriendo por el pasillo y por las calles más, necesito que no te me sueltes y nos distanciemos. Los demás saben lo que tienen que hacer y hacia donde, vos no.- Me dijo Erik mirándome fijamente a los ojos con resolución.
-Ok-Le respondo. De algo estoy segura, quiero saber más de que trata esto. ¿La curiosidad mató al gato? Espero que no.
Efectivamente el pasillo está lleno de personas alborotadas que iban rápido por todos lados, sin una dirección fija algunos. Vamos hacía las escaleras, no tenemos que bajar mucho, solo estamos en el tercer piso. A lo lejos puedo escuchar las sirenas de algo, bomberos, ambulancia y/o policía. Seguimos corriendo por el vestíbulo, pensé que me llevarían por una entrada secundaría, pero no. Ya en la calle dejamos de correr, pero a paso rápido vamos en contra del tumulto, hay mucho humo y polvo que me hace toser.
Corremos todos dos cuadras, como se puede entre el tránsito de personas; la mayoría va en dirección opuesta a la nuestra, o sea, hacia el lado de la explosión.
Entramos por una de las escaleras que dan al subte. En “Diagonal Norte” hay varias líneas que se cruzan ahí, no se cual tomaremos así que no me puedo dar una idea de la dirección podrían dirigirse. Seguimos corriendo por el laberinto de pasillos y más pasillos de esa estación. Sofía abre una puerta a la que jamás le había prestado atención, al lado de una de las boleterías; que lleva a más pasillos, aminoran el paso, abren otra puerta.
Está todo levemente oscuro, solo un instante para adaptar la visión. Hay tenues luces y el resplandor de la estación a unos metros, estamos entrando a los túneles del subte. Bajamos por una escalera rudimentaria y vieja, noto la tensión de Erik en su lenguaje corporal, es como un gato cuando escucha un ruido; la forma de mirar a todos lados con detenimiento, como buscando algo que sabe que está ahí, en el cambio de su postura hacia mí, en el apretón realiza sobre mi muñeca. Lo único que se me ocurre es que debe estar por venir alguno de las formaciones y nos tropelle. Pero miro a los demás, están preocupados por lo mismo que yo; todos observamos a Erik, algo no anda bien y estimo que no es nada que tenga vagones.
Se escucha un rechinar lejano y el murmullo de las personas de la estación.
Pero sí, hay algo ahí, en la oscuridad. Pero no es tan oscuro donde está. No lo veo, pero sé que hay algo. Un sector de sombras proyectadas, claramente delimitadas, pero las está usando para camuflarse. ¿La plena falta de luz era muy obvia no?
Va a atacar y sé que siguen mirando casi al lado opuesto. Erik está tan seguro que hay algo donde él observa como lo estoy yo de la otra zona. No puedo alertarlos porque desencadenaría el enfrentamiento.
Erik desliza su presión en mi muñeca para tomar la palma de esta, la dirige por su baja espalda hasta su cinturón. Quiere que tome lo que tiene ahí. Un arma blanca de doble filo.
Con decisión la tomo con la zurda, lentamente la llevo a mi espalda y hago el cambio a la diestra. Nuevamente con la mano izquierda busco en el bolsillo del jean las llaves de casa para cerrar el puño con más firmeza; las piernas un poco separadas para un rápido movimiento.
Lo que sea que estaba mirando Erik ataca a Sofía, pero no me muevo, todo pasa a una distancia de unos o dos metros de mí. Sé que no puedo dejar de prestar atención. Erik se la saca de encima a ese ser humanoide, son una bola en la visión de mi rabillo del ojo. Ni Lucas, ni Eduardo ni Sofía intervienen, están aplastados contra la pared.
La otra “cosa” de las sombras seguía ahí, la percibo, se mueve entre ellas.  No es exactamente igual con lo que está peleando Erik.
Noto un movimiento fugas.
Otro más.
Solo veo movimiento, pero nada más.
Desde el lado de la estación noto que viene algo, me golpea de un saque, tirándome al piso, mi cabeza casi cae contra el riel. Siento un dolor en las costillas, ni pude verlo, y esto que estoy bajo el foco tenue que marca la entra de la escalera.
Me voy hacia el lado de la estación para tener más luz.
Me golpea en la espalda y caigo al piso nuevamente. En el suelo puedo escuchar a la gente alarmada, estoy cerca del andén.
No pudo verlo, sé que está, pero no lo puedo ver venir.
Logro ponerme en pie.
Me da con fuerza atrás de las rodillas, caigo y todo va en cámara lenta. Eso es para que caiga de rodillas hacia adelante, para tener mi cabeza a la altura de una buena patada.
Caigo de rodillas y tan rápido como puedo me tiro al piso, me giro y doy una patada a donde se supone que tiene que estar. Le pego, es macizo, no fantasmal. Tomo su pie, aparentemente, con mi mano izquierda, aun en el piso y tomo fuerza para darme el envión y llegar con la daga en mi diestra y dar un puñetazo.
Se escucha un fuerte alarido; seguido de un liquido extraño, es sangre, pero de un rojo muy oscuro.
Cada vez hay más gente en el andén. Solo que no lo puedo ver bien en esta luz, no es lo suficiente.
Mi sorpresa me cuesta caro, se tira sobre mí. Me da en la cara un fuete golpe, siente el sabor de mi sangre. Me da otro golpe del otro lado. Trato de zafarme pero no puedo, escupo la sangre.
Escucho un alarido como de satisfacción, siento como una lengua bífida pasa cerca de mi boca, buscando más sangre. Logro darle una patada al él inclinar hacia adelante su cuerpo. Noto su desesperación, algo ha cambiado.
Siendo algo punzante en mi muñeca, me está mordiendo. Ahora lo entiendo, es la sangre. Se desesperó por ella, perdió el control la criatura. Logro darle otra patada y deslizarme a las forcejeadas lo suficiente para llegar hasta la daga.
Noto que toma un poco más de definición, por un momento logro verlo. ¿Es medió verdoso? Pero vuelve a desaparecer. Tengo la mano derecha chorreando levemente sangre, y con poca fuerza. Tomo la daga con la zurda.
En menos de 3 segundos siento un golpe en el estómago que me tira a 5 metros hacia la luz, me levanto, me vuelve a golpear en la espalda, luego en la cara.
No puedo más.
Esto no es luz, esto son sombras, se oculta entre las sombras. Si no hay luz de verdad, lo va a seguir haciendo, pero en la oscuridad estaríamos los dos en igualdad de condiciones.
Miro con desesperación el final del otro extremo de la estación y corro como jamás corrí en mi vida.
Lo puedo sentir a menos de un metro de distancia, pero sigo corriendo.
Tira de mi pelo, me doy vuelta antes de que termine de tironear y lanzo mi brazo izquierdo con la daga en mi mano. Le doy en la mandíbula, sé que corté hasta el hueso. Sigo corriendo para zambullirme en la oscuridad.
No vendría, porque sabe lo que pretendo, pero quiere seguir chupando mi sangre; sé que va a venir.
No puedo ver, pero por eso mismo mis instintos se agudizan. Puedo escuchar hasta las gotas de agua resbalando por las viejas paredes.
Puedo percibir sus pasos raudos en zigzag, era ahora o nunca, puedo escuchar una formación de subte acercándose a lo lejos, si sus faros iluminan y proyectan sombras en movimiento estoy perdida.
No espero más.  Tomo envión y corro hacia él de forma recta, se que va en zigzag. A un metro suyo, el se mueve hacia su derecha. Yo salto, porque con seguridad pretende hacerme tropezar, solo muevo mi brazo izquierdo hacia arriba y con la daga inquinada en diagonal doy el golpe para encastrarla en su cuello.
No espero a ver si está muerto o no ya que veo la luz del subte asomándose al giro del túnel. Corro como puedo por las vías en dirección opuesta, pasando nuevamente por el sector ya muy concurrido de gente de la estación agarrándome el costado derecho de mis costillas.
Llego hasta un poco más lejos de donde los había dejado, falta Eduardo y Erik. Lucas me mira con susto, Sofía me echa un vistazo.
-Te creía muerta- Me dice Sofía, como si nada, mientras mira el túnel- Tenemos que seguir, o nos pisan las formaciones. ¿La serpiente está muerta?
-No tengo idea- le respondo interpretando sus palabras- Pero ¿y Erik y Eduardo?- le digo agarrándola del brazo.
-Ya saben a donde tienen que ir, tenemos que seguir ya. Se puede recuperar con rapidez y llamar a más- Me informa Lucas retomando por el túnel a paso rápido- Y no esperes noticias de Eduardo, es mejor no hacerse ilusiones.
Realmente no sabía qué hacer, si seguir a Lucas o Sofía o ir a ayudar a Eduardo y a Erik, pero sería un estorbo, estoy fuera. No puedo enfrentarme de nuevo ni con una cucaracha.
A 50 metros de la estación, hay una puerta más que ubica Sofía tanteando en la pared, el subte está por pasar. Entramos con tiempo en otra serie pasillos infinitos.
 

miércoles, 28 de octubre de 2015

Presentaciones (Capítulo IV de "Existencias Veladas")


Ante mi afirmación, él sale de su pose; parece un poco desconcertado. Me gusta, ahora a mí me sale una leve sonrisa de satisfacción en la comisura de mis labios. Es como una batalla de sutilezas.
-Tomo su desconcierto de ser descubierto como un sí- Le dije de forma afilada, sonriendo un poco más y volteando mi cara para mirar el exterior. Es cierto, es el pleno centro de la ciudad. –Aun usted no me contestó que hago acá. Pensé hasta que me tiene secuestrada-. Puso una mano en mi cintura moviéndola lentamente hasta el otro costado.
 -No exactamente, es por tu bien- Me dice a modo de respuesta mientras puedo percibir su respiración no muy lejos de mi cuello y sentir como se me eriza la piel. – Hace tiempo que pretendía hacer esto- Me murmura agarrando unos mechones de mi pelo para olerlo.
Puedo sentir su cercanía, su olor a jabón de hotel y desodorante antitranspirante. Mientras sigo mirando hacia la calle, sin ver; lo único que puedo hacer es sentir esa electricidad, ese magnetismo que me genera.
Se abre la puerta de entrada a unos dos metros de nosotros, sobresaltándome y  tomándonos “infraganti” en esa situación.
-Erik, por favor, dejá de hacerte el gigoló, por hoy, con Adriadna. No debe entender nada y ya la estás acorralando- exclama un señor de unos de unos 50 años bien llevados de expresión jocosa que entra junto con otro que no llega a los 20 años y atrás una señora de unos 60 años, sencillamente y simplemente elegante.
-Adriadna, permítime que nos presentemos- dice la señora acercándose a mí- Me podes llamar Sofía; él es Lucas- mirando al de 20 años- que es nuestro experto en informática, aunque para mi todos lo son menos yo; y finalmente el señor es Eduardo- continua hablando, tomando mis dos manos entre las suyas, conduciéndome hacia el centro del living, cerca de los sillones, alejándome del que ahora sé que se llama Erik.- Sentáte por favor Adriadna, te prometo que ya vienen las respuestas.
Los miro a todos, un poco menos sorprendida de lo que hubiese esperado de mi misma, pero dado que no puedo hacer nada más y nadie me está apuntando con nada trato de seguir la corriente.
-Hola Adriadna, un gusto poder hablar directamente con vos. Me presento como corresponde, soy Eduardo y voy a ayudarte con unas particularidades tuyas a que las desarrolles un poco más.-Dijo Eduardo tomando una de mis manos como saludo, yo se la estrecho con un segundo de demora- Sentáte, sentáte. Hay algo que tenemos que resolver primero y es la razón por la que todo esto pasó de forma abrupta, te pido que nos disculpes si te asustaste.
-Preferiría pasar al baño primero-les dije.
Erik se aparta de la ventana, dirigiéndose directamente hacía mí. ¿Eso era bueno? ¿Eso era malo? Pienso mientras lo miro con cierto recelo. Creo que él lo notó porque se para en seco y me indica con la mano.
-Por ese pasillo, a la derecha. Tu cartera, que tenías, está colgada al lado de la puerta de entrada, por si necesitas algo de ahí.- Termina de explicarme Erik mirando primero la cartera y luego a mí, creo que sabiendo que la mención de esta me recordaría la tarde de ayer, con una expresión de satisfacción en su rostro.
Trato de ignóralo y sin intercambiar más palabras con ninguno de ellos me voy directo al baño.
Lo primero al entrar es mirarme al espejo; sin bien tengo un aspecto espantoso, admito que podría ser peor, el maquillaje de ayer solo está un poco corrido el delineador. Hago lo que tengo que hacer y siempre me digo que esa parte de la vida es más fácil para los hombres. Vuelvo a mirarme al espejo mientras lavo mis manos, dejando correr el agua fría, como si eso me sedara. Igualmente, estoy asombrada por mi pasmosa y aparente tranquilidad en este contexto. Me mojo la cara repetidamente, la seco y me acomodo el pelo largo, como puedo, peinándolo rápidamente con los dedos. Me miro una vez más al espejo como buscando mi propio coraje reflejado.
Vuelvo al living, los cuatro se me quedan mirando. El muchacho de 20 años, Lucas, luego de dejar de observarme, mira a Erik y se ríe para luego volver su cabeza a una notebook, como recordando un chiste privado ente ellos, que estimo yo formaba parte de él.
Necesito que te sientes.- Me dice seriamente Eduardo- Voy a ser directo, sin rodeos. Tenés algo en muñeca que necesitamos sacar, si no te lo sacamos te van a encontrar y te aseguro que no va a ser para tenerte en un lindo cuarto de hotel. Ayer casi lo hicieron.
-¿Qué?- Digo casi gritando.
Eduardo toma de sorpresa mi mano y me estira el brazo, me tira un líquido con un aerosol al costado de la muñeca, cerca de la base de la mano; mientras Erik me toma con fuerza para que no me mueva. No me dan tiempo a decir nada. Trato de zafarme, pero Erik me aprieta aun más.
-Por favor, no me hagas hacer esto, que no es fácil verte así- Me dice Eric con aplomo.- Eduardo va a hacer un leve corte en la piel de menos de 1cm, no es para hacerte daño.
No sé porque, pero me calmo un poco. No es un agarre, se parece más a un abrazo. Pero ahora solo miro como Eduardo corta, apenas sale un poco de sangre, y saca un objeto de 3mm.
¿Qué carajos es eso?- murmuro hacia Eduardo, que ya no me sostiene el brazo ni me mira, y dejando de lado mi resistencia, aun así Erik no me suelta.
Eduardo se va hacia Lucas, le da el objeto. Este lo pone cerca de algo negro. ¿Un imán? Creo que yo sigo con los ojos como platos, aun sin poder decir nada más.
En mi estupor Erik toma mi mano para curarla con delicadeza. Ahí me quedo mirando como lo hace. Su rostro se gira cada tanto para ver a Lucas, como buscando una respuesta.
Erik ya termina la curación y se va a sentar al lado de Lucas y Eduardo. Sofía se me acerca y me trae lo que queda del jugo de naranja y una tostada con mermelada ya preparada.
-No tengo hambre ahora, no podría.-Le digo al verla venir.
-No importa si tenés o no tenés, traga igual. Te voy adelantando que vamos a salir de acá rápidamente, en cuanto Lucas nos diga.- Me informa Sofía- Se deben haber dado cuenta que anulamos lo que muchos creen que es un chip. Desde ayer hasta hoy solo lo bloqueamos, pero una vez desactivado ellos saben su último lugar. No es para saber dónde estás, su función principal, pero al destruirlo si que van a querer saber.-
-Me vas a obedecer en todo, no es tu fuerte obedecer, pero lo vas a tener que hacer; por lo menos hasta que estemos en viaje.- Me decía Erik sin mirarme, observaba la pantalla de Lucas- Si te digo corré, corres y cuando te diga que te quedes quieta, te vas a quedar quieta-.

Ahí va.- Dice Lucas. Se escucha un estruendo terrible, todo el edifico tiembla. No tengo duda de que esa era la señal que esperaban.-Listo, vamos- Finaliza como si fuese necesario.