sábado 12 de junio de 2010

Ahí vamos...

Caminábamos dispersos por la orilla, por la arena, solos en el mismo lugar. No éramos muy consientes de la presencia de los otros, ni de nosotros mismos.
Cuando ciamos en cuenta de lo que éramos, de lo que teníamos que hacer, surgieron los vientos y las nubes de tormenta. Entonces juntos miramos el mar impetuoso. Tenemos que ir hacia él, luchar contra él. Pero que mejor sensación que la de ser revolcado por una ola.
Ahí vamos…